El misterio de la inexplicabilidad. Nos revelamos ante la condición inicial del ser "perseguido" por lo desconocido, mirando sin ver se nos presenta una inexorable existencia superior a nuestra propia villa, algo invisible que encubre la propia realidad. Una realidad que va mas allá del sentimiento de la heterogeneidad del ser, desembocando al fin hacia lo misterioso, en ese ser más que es inherente al hombre, presentido por el artista, sabido por el creador.

En la actitud poética de José Cosme se contrapone esa concepción contemporánea del "nihilismo", de esa nada de valores suprasensibles o ficciones, y cuyo fin ha sido la desvaloriza-ción de los valores superiores. En este sentido el artista retoma una actitud comunicativa hacia lo trascendente. Una búsqueda de aquella espiritualidad Rothkiana que presentaba ya en "El ser del Hombre", y en que la materia y el color han dado paso a una obra en que lo "objetual" intenta salir de su imagen y avanzar hacia la abstracción, evidenciando el lugar de una espiri-tualidad presente, que se enfrenta con la mirada del retorno de lo religioso. Espiritualidad para Ia que el sujeto moderno, tras la disolución de las certezas racionalistas, navega ahora por el sentido de "inexplicabilidad", de la patente pasividad y autodestrucción del hombre contempo-ráneo. Recordemos en este punto su manifesto de "La no exposición", performance realizado en el IVAM con motivo del 11 de septiembre.  Pero la obra de Cosme es una poética de ala-banza al ser humano, de amor; para nada debe ser entendida como negación. Frente a esa an-gustia poética, en que el artista se refiere al ir y venir de lo que son las raíces, las huellas his-tóricas de cada individuo, reveladas a través de diferentes pisadas, de diferentes caminos, del ser creado frente a la dicotomía de ser creador, común a la humanidad. La huella del artista lucha denodadamente contra Ia sombra, contra Ia oscuridad, buscando esa unidad común, a Ia que nos referimos, a Ia existencia. Una transparencia de la vida y una ética de recuperación hacia nosotros mismos. No obstante, el conjunto de su obra ha de entenderse como un en-cuentro de nuestra propia experiencia a través del proceso artístico.

La ausencia espacio-temporal transporta al espectador por espacios por donde transita su obra. Solamente teniendo una actitud de aceptación hacia lo sagrado, el hombre de nuestro tiempo podía superar sus límites, ya que ese temor hacia Ia trascendencia amenazante a través de Ia discontinuidad temporal y lineal se ve recuperado por un "sentir originario". Metáfora en Ia que la huella del hombre se convierte en un camino de conexión con Ia realidad, en un aura poética de lo sutil, de aquella dinámica de Ia existencia, mucho mas allá de lo que nuestros sentidos corrientes pueden percibir. A esa otra percepción mas allá de lo físico. Como Ia voz del poeta, alejada de Ia  fisicidad, en el que el amor no tiene esta o aquella forma, el artista roza por unos instantes este mundo divino, ahora nuestro: con ese deseo en apariencia nuestro y que ni siquiera lo es. Fiel hacia el fin del camino, avanzamos con los ojos firmes frente a lo antes nunca visto.

Rosa Ulpiano.

“Huella mundo”, 2006

Óleo, acrílico, carboncillo y suciedad sobre lienzo, 120 x 195 cm.

Instalación Nihilismo ó transcendencia, 2003.

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